“A ti que has detenido con un beso el reloj,
a ti que me enfermas,
a ti que eres mi envenenada medicina”
Es más que evidente que hoy es hoy y no ayer; sin embargo parezco transitar solamente en esa pretérita existencia que es el recuerdo, en estas noches tan frías y tristísima, llenas de pura soledad. Esa nocturnidad me lleva siempre a ti, con todos sus besos y caricias, con sus promesas y abrazos; mas nuestra alegría, siempre es interrumpida con cada amanecer y despertar, cruel encantamiento de este nuestro tierno amor. ¿Alguna vez me quedare contigo?, o es acaso que cuando ya no despierte, ¿también te habrás ido? ¿A dónde ira todo este sentimiento? ¿Qué importa vivir o morir, soñar o despertar?, si estar contigo ya no es posible. Hoy es hoy y hay tanto polvo y olvido.
Recuerdo esas tardes calurosas en que discretamente te observaba, parecías la misma luna, mística e inalcanzable, creando virtuosas constelaciones sobre aquel negro y pétreo horizonte, haciendo gala de matemática sabiduría y divina belleza... luego volteaste y te dirigiste directo a mí. La vida no me cabía mas e inesperadamente tus dedos tocaban los míos, entregándome el artilugio creador de tus enigmáticas cosmogonías. ¿Qué podía hacer yo?, si mi vida se había detenido y el destino decidido, marcando cual compases de fugas e himnos, mis tiempos y quebrantos. No podía esquivar esa invitación, ese desafió, volteé tímidamente a verte y tu sonrisa terminaba al filo de mi agonía.... ¡deslumbrante! Sin ti, sin tu luz, mis ojos no volverían a ver, mis tinieblas nunca te olvidan.
Y es en esta ceguera que el tiempo transcurre implacable, como si no perdonase la soberbia locura de amarte mas allá de toda medida, de todo calculo, eternamente, incumpliendo y desafiando el celeste gobierno, ¿por qué?, porque amarte fue siempre para mi no tenerte nunca, no entenderme jamás y no importarme gastar la vida entera con tal que esa intensa llama que arde por ti nunca se apague.
Hoy es hoy, quizás sí, la gente me llama por un nombre que no reconozco, o que olvide en algún bolsillo y no me importa. Todo parece tener un perfecto orden, aunque para mi todo sea cuento y metafísica. Los espejos son engañosos, mienten casi a todos, yo no soy ése al cual parece reflejar, yo soy en realidad un niño que decidió no crecer mas, asumiendo todas sus consecuencias. Sí, un niño, sólo un niño que nunca dejo de recordar el disfrute de verte dibujar por las tardes estrellitas en ese negro y pétreo horizonte.